A veces en la vida nos empeñamos en algo o alguien para luego darnos cuenta que las cosas no funcionan o que simplemente no es el momento. Esto es algo que he visto en diferentes facetas de la vida por lo que les doy dos ejemplos, uno de trabajo y el otro de la vida cotidiana.
Como Gerente de Recursos Humanos, en muchas ocasiones vi empleados molestos con la compañía y con sus trabajos. En algunas de estas ocasiones me percataba que aquél que había parecido un gran "fit" para la posición en cuestión ya no lo era (porque nunca lo fue o porque ya había cumplido el propósito para lo que había sido reclutado). También lo viví con empleados dis que mediocres que renunciaban y luego me encontraba con alguien de su nuevo empleo que me indicaba lo maravilloso que es ese empleado.
Por el otro lado, como mujer, he visto a muchas otras mujeres aferrarse a una pareja a pesar de que la relación pudiera ser un desastre. Además, siguen esperanzadas de que la relación va a "cuadrar" en algún momento y convertirse, como por arte de magia, en lo que ellas desean.
Estos son sólo dos ejemplos donde podemos ver como hay ocasiones que aferrarnos a la situación en la que estamos puede prevenir que encontremos la persona, trabajo o experiencia que mejor se ajusta a nosotros y a nuestra vida (teniendo en cuenta nuestros intereses y fortalezas).
Por ésto y mucho más, la próxima vez que te sientas inadecuado o que algo no está "cuadrando" piensa que no has dejado de ser perfecto, que sigues siendo una pieza perfecta. Sólo cuestiónate: ¿Debo cambiar de rompecabezas?
Con los mejores deseos,
Sonia Y. Rivera

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